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Frank Cowper

Frank Cadogan Cowper nació en Inglaterra en 1977. Se le considera el último de los prerrafaelitas. Este grupo, fundado en Inglaterra en 1848 por un grupo de artistas e intelectuales, rechazaba el arte académico de la Inglaterra del siglo XIX. Criticaban la perpetuación del manierismo de Miguel Ángel y sus seguidores, ya que consideraban que sus obras eran vacías, artificiales y carentes de sinceridad. Por ello, proponían un retorno al detallismo y el colorido de los renacentistas italianos y flamencos anteriores a Rafael.

Cowper fue criado en Cranleigh y sometido a una estricta educación religiosa que marcaría su carrera artística muchos años después. En 1896 comenzó sus estudios de arte. Consiguió exhibir sus obras por primera vez en la Academia Real en el año 1899 y dos años después consiguió sus primeras críticas positivas.

En 1902 pasó seis meses estudiando la obra del famoso pintor estadounidense Edwin Austin Abbey, antes de partir hacia Italia para continuar su formación artística.

En 1904 se convirtió en miembro de la Sociedad de Acuarelas Reales y en 1907 en asociado de la Academia Real.

Además de ser un excelente pintor de óleos y acuarelas, Cowper demostró también su talento como ilustrador de libros, destacando por su minuciosidad en los detalles de sus trabajos.

En algunas de sus obras puede observarse como el artista explora los temas religiosos con un sentido del humor que raya en la blasfemia y que mantendría durante toda su vida, lo que no impidió que recibiera encargos para realizar obras destinadas a decorar iglesias.

En 1820, al decaer el mercado de las obras que representaban escenas históricas y literarias, Cowper reconduce su carrera hacia la realización de retratos, normalmente de jóvenes de la alta sociedad, como el que ilustra este artículo.

Al final de su vida, en 1958, su popularidad decayó y su arte quedó en el olvido durante décadas. Sin embargo, su popularidad ha aumentado en años recientes, en los que ha sus pinturas llenas de caballeros galantes y trágicas damas han conseguido aceptación entre el público.


Francisco de Goya

Francisco de Goya y Lucientes fue un pintor y grabador español nacido en 1746. Se le considera el padre del Romanticismo tanto en la pintura de caballete, como en los murales, grabados y dibujos. Su influencia artística se hizo notar en toda la pintura posterior, por lo que se le considera el precursor de la pintura contemporánea y de las vanguardias pictóricas del siglo XX.

Empezó su formación en Zaragoza, aprendiendo el estilo del barroco tardío y los cuadros de temática religiosa. En 1770 viaja a Italia, donde entra en contacto con el neoclasicismo. Su estilo al volver a Madrid es una mezcla de ese estilo italiano y el rococó costumbrista que aprendió en su trabajo como pintor de cartones. De esta época podemos destacar obras como “El quitasol” o “La pradera de San Isidro”.

En 1793 empieza a sufrir una grave enfermedad que le provocó su sordera y que hace que su pintura sea más creativa y de temática más seria. Sus “Caprichos” (pequeños cuadros en hojalata) marcan la madurez de Goya y su transición hacia el Romanticismo.

Durante toda su vida intentó reflejar en su obra los problemas de la España en que vivía. Reflejó en sus cuadros la Guerra de la Independencia, mostrando en su serie “Los desastres de la guerra” una visión atroz y realista de las atrocidades cometidas y el sufrimiento de sus víctimas.

Sus dos obras históricas más importantes son dos grandes cuadros que retratan los sucesos del levantamiento del dos de Mayo, titulados “La carga de los mamelucos” y “Los fusilamientos del 3 de Mayo”. Estas dos obras son un precedente estético y temático para los cuadros históricos, que elevan estas obras de una mera visión del artista de unos acontecimientos históricos a la categoría de mensaje universal.

Destacó también como retratista. Desde su llegada a Madrid como pintor de la corte, tuvo acceso a las colecciones privadas de palacio, quedando muy influenciado por Velázquez. Desde 1780 entra en contacto con la alta sociedad y el mundo de la cultura madrileños, realizando para ellos grandes retratos como “La familia del Infante Don Luís”, “Los duques de Osuna y sus hijos” o los retratos del duque y la duquesa de Alba. La obra que ilustra este artículo es un retrato realizado por encargo del rey, titulado “La familia de Carlos IV”.

Las obras más importantes en la trayectoria de Goya son sus “Pinturas Negras”. Se trata de una serie de pinturas al óleo realizadas sobre los muros de su casa de campo (La Quinta del Sordo). En estas obras Goya se anticipa a la pintura contemporánea y deja su influencia para los movimientos pictóricos vanguardistas del siglo XX.


El Greco

Doménikos Theotokópoulos, conocido popularmente como el Greco, fue un pintor renacentista nacido en Creta en 1541. Vivió su juventud en Creta, donde era muy admirado como maestro de estilo postbizantino, que era una continuación de la pintura tradicional ortodoxa griega de la Edad Media. De esta época podemos destacar la obra “La muerte de la virgen”.

A los 26 años se trasladó a Italia, donde residió durante diez años. En Venecia su estilo fue evolucionando hasta convertirse en un pintor renacentista, influenciado por las obras de grandes maestros como Tiziano o Tintoretto. Allí aprendió la técnica de la pintura al óleo y a utilizar la gama de colores, a dar profundidad a las composiciones utilizando los fondos y la forma de iluminar usando focos determinados. Entre las obras de esta época podemos destacar “La curación del nacido ciego”.

Después viajó a Roma. Allí se sintió influenciado por las obras de Rafael y, sobre todo, de Miguel Ángel, de los que aprendió el estilo manierista. Este estilo se basaba en exagerar las figuras hasta volverlas artificiales, buscando un virtuosismo preciosista, y en la importancia de la imaginación sobre la imitación en la creación artística. La influencia del manierismo le hizo evolucionar hacia un estilo personal en el que las figuras aparecen muy alargadas y con iluminación propia, llena de contrastes. Esto les da una apariencia fantasmal y muy expresiva, que es la característica principal de las figuras del Greco. Entre las obras más importantes de su periodo romano podemos destacar “La purificación del templo” o los retratos de Giulio Clovio, Vincentio Anastagi y el Papa Pio V, obra que ilustra este artículo.

En 1577 viajó a España y se estableció en Toledo, donde residiría durante el resto de su vida, hasta 1614. Es aquí donde su estilo alcanza la madurez y empiezan a surgir sus obras maestras. Nada más llegar se le encarga el retablo mayor y dos laterales para la iglesia de Santo Domingo. A este retablo pertenecen “La asunción de la virgen” y “La Trinidad”, con las que consiguió gran fama.

Su objetivo era establecerse en la corte como pintor del rey pero, a pesar de que éste le realizó dos encargos, su estilo no le gustó y rechazó ambas pinturas.

En 1586 realizó su obra más conocida “El entierro del Conde de Orgaz” para la Iglesia de Santo Tomé en Toledo. De esta época es también su conocido retrato “El caballero de la mano en el pecho”. En sus últimos años su fama se acrecentó y el número de los encargos que le realizaban se multiplicó. La Iglesia requería sus pinturas para luchar contra las ideas de la Reforma protestante, con lo que el Greco se convirtió en el “pintor de la contrarreforma”.

Sus últimas obras importantes son “La Inmaculada Concepción” y “La adoración de los pastores”. En estas obras se aprecia que el alargamiento de las figuras es exagerado y violento. La forma alargada de los cuadros parece representar que las figuras se elevan hacia el cielo.

Su obra está compuesta por obras de tema eclesiástico (grandes retablos y cuadros para iglesias) y retratos de gran calidad. Durante toda su vida intentó afianzarse en su particular y extraño estilo, lejos de las imitaciones, que le llevó a convertirse en uno de los pintores más importantes del renacimiento español y uno de los grandes maestros de la historia de la pintura.


Edouard Manet

Manet nació en Paris en 1832. Sus notas no fueron lo bastante buenas para estudiar derecho, como pretendía su padre, por lo que intentó ingresar en la Academia Naval Francesa. Al fracasar también en este intento, decidió dedicarse al arte, empezando sus estudios con Thomas Couture y dedicándose a copiar cuadros del Louvre.

Tuvo bastantes discusiones con su profesor, que era demasiado tradicionalista, por lo que Manet buscó su propia síntesis de la historia del arte e intentó fundirla con los conceptos de los grabados japoneses.

En 1853 empezó a viajar por Europa para copiar a los grandes maestros. En 1865, en un viaje por España, descubrió la pintura barroca española que tuvo una gran influencia en su obra, quedándose impresionado en especial por las obras de Velázquez.

En 1867, con motivo de la Exposición Universal, realizó una exposición particular de sus obras, gastando en el proyecto gran parte de su herencia. Sin embargo, no obtuvo éxito de ventas ni de críticas.

En 1872 consiguió vender varios cuadros y su obra fue expuesta junto a la de otros artistas en la primera exposición de pintores impresionistas. Juntos formaron la Sociedad Anónima de Artistas para realizar exposiciones colectivas. Manet empezó a relacionarse con ellos y a absorber sus técnicas pero siempre prefirió exponer sus obras de forma individual. Poco a poco fue consiguiendo el apoyo del público e incluso el Salón de Paris le concedió una medalla de segunda clase y fue nombrado Caballero de la Legión de Honor.

En 1880 se le diagnosticó un problema circulatorio crónico que hizo que su salud fuera deteriorándose. Esta enfermedad le llevó a la muerte en 1883.

Manet fue un artista contradictorio: por un lado se le veía como un artista rebelde, pero paso toda su vida buscando la fama y obsesionado con las críticas. A pesar de ser uno de los padres del Impresionismo, nunca quiso exponer con ellos y siempre luchó por ser aceptado en los Salones oficiales.

Entre sus obras más importantes podemos destacar “Olimpia” y Desayuno sobre la hierba”, ambas rechazadas por la crítica de la época y consideradas vulgares, amorales y creadas sólo para escandalizar. Otras obras destacables son “El pífano” (presente en este artículo) y el “Bar de Follies Bergére”.


Edgar Degas

Hilaire-Germain-Edgar de Gas fue un pintor y escultor francés nacido en Paris en 1834. Se le encuadra dentro del impresionismo y es muy conocido por sus cuadros de bailarinas, que muestran escenas sutiles realizadas en pastel.

Empezó sus estudios cursando derecho en París. Una vez acabó, estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes, con el pintor Lamothe. Siguiendo el ejemplo de Ingres, viajó a Italia a completar su formación, estudiando sobre todo a los artistas del Renacimiento. De esta época, tradicional e influenciada por Ingres y Chavannes, podemos destacar el “Retrato de la Familia Belleli” (que ilustra este artículo) y “Semiramis construyendo una ciudad”. En estas obras ya se notaba su talento y sensibilidad artística. En 1865 consiguió exponer en el Salón de Paris y empezó a labrarse cierta fama en el mundo artístico.

En 1870 se le diagnosticó un problema de visión que le mantuvo preocupado de por vida. Ese mismo año conoció a Manet, Morisot, Mallarme y Valéry. En 1874 participó con Monet, Sisley, Cezanne y Pizarro en la primera exposición impresionista. Sus obras recibieron una mala acogida por parte de la crítica y el público, al igual que ocurrió con las obras de sus otros compañeros impresionistas.

Degas comparte con los impresionistas el deseo de eliminar los convencionalismos de la pintura. Sin embargo, se diferencia de ellos en que da más importancia a la forma del dibujo que al color. Degas construye sus cuadros a base de líneas. Influido por el arte japonés, intentó encontrar la armonía entre la masa y el color. También le diferencia su gusto por los temas urbanos iluminados artificialmente en lugar de los paisajes iluminados con luz natural que tanto fascinaban a los impresionistas.

En esta época pintó muchos retratos, como “La planchadora” y escenas de bailarinas como “Clase de baile”. Tanto el ballet como la opera y el circo fueron para él constante fuente de inspiración. También se apasiona por las carreras de caballos, a los que dedica varias obras que le permiten estudiar el movimiento.

En los últimos años de su vida comenzó a utilizar el pastel, creando autenticas obras maestras. La mayoría de ellos son desnudos femeninos, llenos de expresividad y realizados con una gran libertad de composición. En sus últimos años, debido a que sus ojos estaban demasiado débiles para captar los matices del color, se dedicó a esculpir figuras de bailarinas. Pasó los últimos años de su vida prácticamente ciego y murió solo en Paris en 1917.


Diego Velázquez

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez fue un pintor barroco considerado como uno de los mejores artistas españoles de todos los tiempos y figura imprescindible de la pintura universal. Nació en Sevilla en 1599 y murió en Madrid en 1660.

Comenzó sus estudios en Sevilla, donde recibió influencias del estilo naturalista de iluminación de Caravaggio. Con sólo 10 años entró en el taller de Francisco de Herrera el Viejo, pero no pudo soportar el carácter de su maestro y pasó a estudiar con Francisco Pacheco. Allí adquirió sus primeras enseñanzas artísticas, a pesar de que Pacheco era bastante limitado como pintor y sus enseñanzas eran rígidas y demasiado basadas en los modelos de Rafael y Miguel Ángel. Ya desde joven demostró una gran capacidad técnica, un gran dominio del claroscuro y una gran capacidad para el retrato en el que transmitía la fuerza y las emociones de los modelos. Sus obras maestras de esta época son “Vieja friendo huevos” y “El aguador de Sevilla”.

A los 24 años se trasladó a Madrid y fue nombrado pintor del rey Felipe IV. Cuatro años después ascendió a pintor de cámara, que era el cargo más importante entre los pintores del rey.

Su trabajo consistía en pintar retratos del monarca y su familia y cuadros para decorar las mansiones reales. Su estilo fue evolucionando del tenebrismo de Caravaggio a una pintura más luminosa con pinceladas rápidas y sueltas. De esta época podemos destacar el retrato ecuestre de Felipe IV, que se puede observar en este artículo, y “El triunfo de Baco”, también conocido como “Los borrachos”.

En 1629, después de conocer a Rubens, creyó que necesitaba completar su formación, por lo que realizó un viaje a Italia que representó un cambio decisivo en su pintura. Se producen cambios en la manera en que suaviza la transición hacia los fondos, la imprimación de la pintura es más ligera y la pincelada más fluida y los toques de luz producen efectos entre las zonas iluminadas y las sombras. De esta época podemos destacar “La Fragua de Vulcano”.

En su madurez pintó grandes obras como “La Rendición de Breda” o “Cuadro de las lanzas”. En sus últimos años desarrolló un estilo más esquemático en el que predominaba la importancia de la luz. De esta época podemos destacar el retrato del Papa Inocencio X o “La Venus del Espejo”. También pertenecen a esta época sus dos obras más grandes y complejas: “La familia de Felipe IV”, también llamado “Las Meninas”, y “La fabula de Aracné”, conocido popularmente como “Las Hilanderas”. Ambas son consideradas obras maestras de la pintura europea. La colección completa de sus obras consta de unos 120 cuadros.


Madrazo

Federico de Madrazo y Küntz nació en Roma en 1815 y murió en Madrid en 1894. Era hijo del pintor neoclásico José Madrazo y de madre alemana, sobrina del pintor Küntz. Comenzó sus estudios como pintor en la escuela de Alberto Lista en Madrid. Con 19 años pintó “La continencia de Escipión”, obra que le permitió ingresar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Más tarde prosiguió su formación en Paris, donde estudió con Ingres, amigo de su padre, y adquirió el estilo romántico que en aquel momento destacaba entre los autores franceses. Después continuó sus estudios en Roma durante dos años y en 1842 regresó a España, donde se dedicó a la pintura y la enseñanza.

La reina Isabel II le eligió como pintor de cámara, al igual que su padre, José Madrazo, había sido pintor de cámara del padre de la reina, Fernando VII. De esa época podemos destacar el “Retrato de Isabel II” que ilustra este artículo.

Fue un pintor admirado en su tiempo y recibió varios nombramientos importantes, como director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, puesto que conservó durante décadas, o director del Museo del Prado. Perdió este último cargo durante la revolución liberal de 1868 pero le fue repuesto en 1881. También colaboró en revistas de pintura de su tiempo con grabados y dibujos y artículos sobre la pintura y el arte.

Durante toda su vida se dedicó sobre todo a realizar retratos de los miembros de la aristocracia y la cultura, como los de Carolina Coronado o Amalia de Llano y Dotres, condesa de Vilches. Entre sus obras destacan el retrato de la reina Isabel II, el de su marido, Francisco de Asís, el del rey Alfonso XII, los retratos de los presidentes Bravo Murillo y Salmerón o los de los artistas Ramón de Campoamor, José de Espronceda o Mariano José de Larra. También realizó algunos cuadros con tema histórico.


Claude Monet

Claude Monet fue un pintor impresionista francés del siglo XIX. Desde pequeño destacó como dibujante y a los 15 años ya era conocido como caricaturista en toda la ciudad. Poco después empieza a pintar paisajes y toma la decisión de convertirse en pintor. Rechazó ingresar en la escuela de Bellas Artes y se matriculó en la Academia Suiza, donde se dedicó al estudio de figuras. Más tarde entró en el taller de Charles Glayre, donde conoció a otros artistas como Bazille o Renoir.

Durante esa época, debido a que su familia le había retirado su apoyo financiero por no querer abandonar la pintura para llevar el negocio familiar, sobrevivió gracias a varios encargos de retratos. En 1865 consiguió exponer dos paisajes marinos en el Salón de Paris que tuvieron una gran aceptación de la crítica. En 1886 presentó la obra que aparece en este artículo (“Camille con vestido verde”), que también obtuvo buenas críticas y en la que aparece representada la amante del artista, modelo de muchas de sus obras.

Poco a poco su estilo fue separándose del realismo y de las exigencias de la crítica y el Salón de Paris, por lo que su situación económica continuó empeorando.

En 1873 funda junto con otros artistas la Sociedad Anónima Cooperativa de Artistas, a los que la crítica llama impresionistas por el título de un cuadro que Monet exhibió (“Impresión: Sol Naciente”). En 1882 se aleja de los demás impresionistas y deja de exponer con ellos, consiguiendo que una de sus obras sea aceptada en el Salón de París. En 1883 se realiza una exhibición individual de sus obras que obtiene una crítica favorable. Poco a poco las obras impresionistas empiezan a venderse y consigue mejorar su situación económica, por lo que se dedica a recorrer Europa para pintar.

Sus últimos años están marcados por las cataratas que sufrió en ambos ojos y por la muerte de su segunda esposa, lo que le llevo a deprimirse y destruir algunas obras que creyó no podría terminar. Sin embargo, tras varias operaciones consiguió recuperar la visión y terminar varios cuadros de su serie de Nenúfares.

Se le considera el máximo exponente del impresionismo. Intentó incorporar el carácter de la luz a sus obras y practicó durante toda su vida la pintura al aire libre, sin esbozos previos realizados en un taller, lo que le permitió observar y plasmar los efectos de la luz sobre los objetos, lo que llena sus obras de vitalidad y armonía.


Caravaggio

Michelangelo Merisi da Caravaggio nació en Milán en 1571. Se le considera como el mayor representante de la pintura barroca. Siendo muy pequeño su familia tuvo que salir de Milán por la epidemia de peste que asolaba la ciudad y emigrar a Caravaggio, población de la que tomó el nombre.

En 1584 entró a trabajar como aprendiz del pintor Peterzano. Tras concluir su aprendizaje visitó Milán y Venecia, donde conoció la obra de Giorgione, Tiziano y Da Vinci.

En 1592 llegó a Roma y contactó con Giusseppe Cesari, pintor de Clemente VIII, y comenzó a trabajar con él. De esta época podemos destacar su “Muchacho con cesto de fruta” (representado en este artículo) en el que se puede apreciar el absoluto realismo y la minuciosidad de los detalles que dio fama a Caravaggio.

En 1594 decidió trabajar por su cuenta y, después de pasar por un periodo de penurias económicas, fue contratado por el cardenal Francesco María del Monte, para el que realizó un gran número de obras. Le son encargados multitud de cuadros religiosos, como “La Magdalena Penitente”, “San Francisco de Asís en éxtasis” o “Descanso en la huida de Egipto”. Estos cuadros elevaron su fama entre el pueblo y los artistas, aunque algunos fueron rechazados por la Iglesia, debido a su extremo realismo a la hora de plasmar a los modelos que escogía entre la gente de la calle y a los que se negaba a idealizar en sus obras para que representasen la pureza y perfección que se esperaba de las figuras religiosas. Sus obras además fueron a veces criticadas por ser demasiado violentas y explicitas, aunque para muchos otros su estilo tenebrista y barroco emocional lo encumbraba como el mejor pintor de Roma. Varias de sus obras fueron rechazadas por considerarlas vulgares, sacrílegas y faltas de gusto, como “La conversión de San Pablo” o “La Muerte de la Virgen”.

Caravaggio fue una persona con fuerte carácter, muy dado a meterse en riñas callejeras. Sus mecenas le protegieron durante años pero en 1606, tras matar a un hombre en el transcurso de una pelea, tuvo que huir a Nápoles. Allí se convirtió en la estrella de la pintura napolitana. Seis meses después viajo a Malta, donde fue nombrado Caballero de Malta y se le consiguió el indulto por el caso de asesinato. Allí realizó varios retratos de los caballeros de la Orden, entre ellos el Gran Maestre. Sin embargo pronto fue expulsado por faltas morales y ser considerado una persona non grata.

Tras su expulsión se asentó en Sicilia donde siguió realizando trabajos como “La sepultura de Santa Lucia” o “La adoración de los pastores”. Las obras de esa época muestran figuras aisladas frente a un inmenso vacío, que transmiten la sencillez y la fragilidad de los personajes.

Nueve meses después regresó a Nápoles, donde se consideraba a salvo de sus enemigos. En 1610 viajó a Roma para recibir el indulto del Papa pero nunca llegó a su destino. Se cree que murió de fiebres durante el viaje pero el cuerpo nunca apareció.

Caravaggio es reconocido por haber dado la técnica definitiva al claroscuro, oscureciendo las sombras e iluminando el objeto. También resultó influyente su forma de plasmar el físico y la psicológica de los personajes de forma realista. Sus pinturas tuvieron un gran impacto en los jóvenes pintores romanos, surgiendo un movimiento pictórico llamado caravaggismo. Entre sus seguidores se pueden citar Giovanni Baglione y Orazio y Artemisia Gentileschi. En el siglo XVII su influencia seguía viva en pintores como Gerrit Van Honthorst, Rubens, Rembrandt o Velázquez.


Camille Corot

Jean-Baptiste Camilla Corot nació en Paris en 1796. Destacó como uno de los más ilustres pintores de paisajes y su estilo influenció a los impresionistas. Era hijo de una familia rica que intentó que trabajase en el negocio familiar tras finalizar su educación, a pesar de su vocación de ser pintor. Sin embargo, dado que Corot dedicaba toda la jornada laboral a dibujar, aceptaron su deseo y financiaron su formación.

Ingresó en el estudio del paisajista Michallon que le enseño a ser observador y reproducir fielmente la naturaleza. Tras la muerte de Michalon, continuó sus estudios con Bertin, otro paisajista que le enseño los principios clásicos de la pintura de paisajes. Corot destacó por su frescura y por su exactitud en la reproducción de los modelos. Sus paisajes suelen reproducir los momentos del amanecer y el crepúsculo, por lo que la luz aparece difuminada y la atmósfera resulta intimista, llena de reflejos y colores pastel. Sus cuadros reflejan cierto tono de melancolía o nostalgia, fruto de la influencia del Romanticismo.

Corot consigue triunfar en el Salón de Paris pero su obra no obtiene el favor del público. Como sus obras eran frescas y parecían esbozos, se decía que escondían su falta de destreza y de recursos técnicos. Sin embargo, el mérito de Corot era captar los volúmenes y buscar la estética de lo fragmentario, lo que hacía que el público considerase sus cuadros como inacabados. Sin embargo, este estilo es el que influyó en los primeros pasos de muchos impresionistas como Monet o Cezzane.

Entre sus paisajes podemos destacar “La Villa d’Abray” o “Recuerdo de Mortefontaine”. Entre sus retratos más importantes están “Gitana con mandolina”, “La lectora coronada con flores” o “La mujer de la perla”, que aparece en este artículo. En este retrato el artista prescinde de cualquier paisaje que pueda servir de fondo y realiza un retrato de inspiración renacentista, aunque podemos seguir apreciando las características de su modo de pintar en la utilización de luces y tonos difusos.